sábado, 8 de julio de 2017

"Poesías".- Attila József (1905-1937)


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Corazón puro

«No tengo ni padre ni madre, / no tengo ni patria ni Dios,
no tengo ni cuna ni sudario, / no tengo ni sombra de amor.

Hace tres días que no como / ni siquiera un grano de frijol.
El poder de mis veinte años / se lo vendo al mejor postor.

Y si nadie quiere comprármelo, / al diablo se lo venderé.
Robaré, puro el corazón, / y, si es preciso, mataré.

Seré atrapado y luego ahorcado. La santa tierra me tendrá
y a mi precioso corazón, / hierba fatal le crecerá.

¡Oh, Europa!

¡Oh! Europa tiene muchas fronteras / y en la fronteras muchos asesinos.
No me hagas llorar por la muchacha / que en un par de años más habrá partido.

No me hagas estar triste por el hecho / de que soy europeo. En realidad,
yo, buen compadre de los osos libres, / me atrofio si no tengo libertad.

Hago poesía para divertirte. / A la cumbre del monte llegó el mar
y una mesa bien puesta está nadando / sobre nubes y olas, sin cesar.

Marzo
I
Una tibia llovizna cae serenamente / y la espiga del trigo joven sube hacia el cielo.
En una chimenea la cigüeña se instala / y el invierno, abatido, se muda a los glaciares.
Llegó la primavera con su alegre violencia, / llegó la primavera con verdes estallidos.
Delante del taller de un carpintero / exhala la esperanza olor a pino.

¿Qué dicen las revistas? Una banda saquea / a España y la devasta.
En China, un general estúpido / quita a los campesinos
sus pedazos de tierra. La guerra hace amenazas. / Las camisas más limpias ya se empapan de sangre.
Los pobres están siendo torturados. / Los que atizan la guerra, gesticulan.

Alegre soy: tengo el alma de un niño / y Flora me ama. Contra nuestro amor
-amor bello y desnudo- avanza el populacho / desfilando con hierros y con tanques.
El celo de esta chusma / me asusta, desde luego,
y sólo obtengo fuerza y esperanza / en interés de nuestras vidas.

II
El hombre es mercenario, la mujer prostituta. / Entre sus corazones y el mío no habrá diálogo.
Sus maldades también están infladas / y temo por mi vida
que es todo cuanto tengo. / Mi mente, precavida, piensa en esto.
Y cuando el globo herido ya está helado / el amor de mi pecho, y mi Flora, arderán.
Una hermosa muchacha, sabia, procrearemos / y también un varón inteligente y bravo.
Ellos heredarán un jirón de nosotros / como la vía láctea guarda la luz del sol.
Y cuando el mismo sol ya sólo parpadee / mientras charlan, confiados, volarán nuestros hijos
a bordo de máquinas buenas / en pos de las estrellas laborables.

 De repente, desapareceré

Quizá, de repente, desapareceré / como la huella de un animal en el bosque.
Todas mis posesiones las he perdido, / ¿qué puedo decir para justificarme?

Un humo acre ha disecado mi cuerpo / desde la infancia, y mi razón
profundiza en el tormento / cuando medito sobre mi destino.

Precoces deseos me han pervertido, / mordiéndome hasta el hueso.
Ahora, tembloroso, sólo me quedan los lamentos. / ¿Por qué no habré esperado otros diez años?

Testarudo, no quise escuchar / todo cuanto mi madre me decía
y más tarde, huérfano y sin ayudas, / mandé al diablo a mis maestros.

Mi juventud era una verde floresta / de la que creí gozar para siempre,
y, en cambio, ahora sólo oigo las lágrimas / y el seco crujido de las ramas sin hojas.

No soy yo quien grita
 


No soy yo quien grita: es la tierra que ruge. / ¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡El diablo ha enloquecido!
Escóndete en el fondo limpio de los manantiales, / fúndete al cristal de la ventana,
ocúltate tras los fuegos de los diamantes, / escóndete en el pan recién salido del horno.
Oh, tú, pobre, mi pobre. / Con el fresco aguacero fíltrate en la tierra.
En vano hundes tu rostro en ti mismo, / sólo podrás lavarlo en otro rostro.
Sé la delgada arista de una brizna / y serás más grande que el eje de este mundo.

Oh, máquinas, pájaros, frondas, estrellas, / nuestra estéril madre pide a gritos parir.
Querido amigo, cariñoso amigo, / ya sea terrible o maravilloso,
no soy yo quien grita: es la tierra que ruge.»

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